La dirección de la compañía manifestó que no tenía ningún inconveniente, pero cuando el expreso solicitó a la empresa reincorporarse a la plantilla, no se accedió a su petición.

Una empresa no está obligada a reincorporar a su plantilla a un ex presidiario, aunque en algún momento haya manifestado su intención de hacerlo. Así lo entiende una sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que estudia el caso de un ex convicto que, tras cumplir 25 años entre rejas, quería volver a trabajar en la empresa que dejó voluntariamente unos años antes de entrar en prisión.

Cuando el ex presidiario salió de la cárcel, el comité de empresa de la compañía planteó a los directivos que, dadas las circunstancias especiales que llevaron a la baja del trabajador en la empresa, se tuviera con él una consideración especial y se procediera a su incorporación.

La dirección de la compañía manifestó que no tenía ningún inconveniente, pero cuando el ex preso solicitó a la empresa reincorporarse a la plantilla, no se accedió a su petición. Ello le llevó a interponer una demanda para que se declarara su derecho a ser contratado o, subsidiariamente, a ser indemnizado por los daños y perjuicios ocasionados por la negativa a proceder a dicha reincorporación, cifrándolos en 347.801 euros.

Despido Expresidiario

La sentencia, que cuenta con un voto particular, da la razón a la empresa al considerar que el acuerdo entre el comité de empresa y la dirección no se puede considerar un precontrato vinculante que le obligue a aceptar su reincorporación.

En este sentido, tiene en cuenta el hecho de que el ex presidiario nunca participó ni formó parte del acuerdo y tampoco la empresa manifestó su voluntad de obligarse por el mismo, sólo contestó a una consulta elevada por el comité, mostrando una futura intención y su apoyo al trabajador, pero no una irrevocable decisión de su nueva contratación. Y aunque ello hubiera generado una expectativa, eso no implica que sea irrevocable.

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